domingo, 18 de enero de 2009

Domingo

Irse, lentamente, sin rostro, sin televisión; quedarse tranquilo, con una expresión infantil, sin penas, sin perfumes; irse, me parece, como un fantasma, como un cartoon viejo, con mala resolución. Y luego, ya en la cama, acordarse de los tiempos morros, de los tiempos rucos, cuando nadie sabía de enfermedades, de hospitales solos, de muchachas bonitas con problemas de dicción. Acordarse, y volver a acordarse, vaya, apretando los recuerdos, los tiempos idos, los años disneylandianos. Y después maldecir, porque eso es importante; maldecir, putear, chingar: o sea, llorar un poco, pero como los hombres: esto es, con los ojos cerrados, con los ojos rojos, mandando a tomar por culo a los médicos-milagro, a aquellos que extirpan tumores-huevos que se autorreproducen. Todos, pues, a la chingada, todos, incluido el relator; porque las imágenes se ensombrecen (se empobrecen), y ya nadie dice nada, ni siquiera un qué pedo, un what the hell.
Ya lo he posteado antes: en estos casos, se vale llorar.

miércoles, 14 de enero de 2009

Oscura palabra

Una cita, en estos momentos que las palabras salen con cuentagotas:
"Yo sé que por alguna causa que no conozco estás de viaje,/ un oceano más poderoso que la noche te lleva entre sus manos/ como una flor dispersa..."
José Carlos Becerra, Oscura palabra.

sábado, 10 de enero de 2009

M (1974-2009)

Siempre te vamos a echar de menos.

10 de enero

La habitación era pequeña, y en ella había mucha gente que hablaba en voz baja, sin mirarse a la cara; gente cercana, familiares, tíos y primos, que estaban ahí, en la oscuridad de esa habitación, y que esperaban a que sacaran el cuerpo en la camilla y se lo llevaran por aquel pasillo largo, que nos separaba del edificio central. Pero el tiempo pasaba, y nadie de los encargados, o de los médicos aparecía, para indicar qué se iba a hacer, si había necesidad de quedarse más tiempo, regresar más tarde... Fue entonces cuando apareció un guardia de seguridad, quien nos indicó, sin expresión, que la carroza fúnebre acababa de llegar, y que la madre y el padre debían acampañarlo para firmar los documentos de rigor. Todos, de inmediato, al escuchar esto, nos levantamos y supimos que había llegado el momento de despedirse, de decir adiós.

viernes, 9 de enero de 2009

36 de los buenos

36 y nomás no. Sobre todo porque cumplir a estas alturas es descumplir, y créanme, hace mucho que dejé de fantasear, de ver las cosas como-no-son.

Cumpleaños

Hoy es mi cumpleaños, y descubro que el tiempo sí existe, que es una realidad "real", con peso, número y medida. O no sé que piensen (o digan) ustedes, hipotéticos lectores; pero yo afirmo que pasado los 30 años las cosas se "empiezan a notar" y que, quiérase o no, tal exhibicionismo nos balconea como debe de ser: estos es, gachamente. Treinta y tantos años cumplo, en fin, y lo único que puedo y debo decir es que "Aún hay más".

martes, 6 de enero de 2009

Día de reyes

La rosca conlleva la obliteración del muñeco.

La rosca es un donut oval del siglo XVI.

Comerse la rosca equivale a tener mucha suerte.

La celebración del día de reyes es, en Tijuana, una importación.

La rosca es un ocho cortado a la mitad. (O un anillo gigante, adornado con diamantes de higo seco y tiritas de sol.)

Frente a una rosca, se evidencia nuestra fobia infantil.

El que ríe al último

El que ríe al último, ríe de mortificación.

sábado, 3 de enero de 2009

Propósito de año nuevo

Dejar de leer los periódicos locales.

"Ojos eran fugitivos" / Cine 7

Before the Devil Knows You’re Dead (2007), Dir. Sidney Lumet. Violencia, deslealtad, adicciones, trabajos exasperantes, deudas... Before the Devil Knows You're Dead es al cine lo que Crimen y castigo es a la literatura: una conmoción total, en la que los personaje-demonios se adentran en los laberintos de la autodestrucción y del caos.
http://www.youtube.com/watch?v=8Jhrxn7QVDc

viernes, 2 de enero de 2009

"...poderes de registro" / Libros de otras latitudes 2

The Longt Night of White Chickens (1992), de Francisco Godman: una historia (o metahistoria) que me ha mantenido en vela las últimas cuatro noches, dada su calidad narrativa e intensidad verbal.
(Nota. Vaya situación la saberse heredero de autores tan poco compatibles como Saul Bellow y Miguel Ángel Asturias.)

jueves, 1 de enero de 2009

Primero de enero

Lugar común: cada primero de enero muchos somos los que pensamos que la vida nos regala una nueva oportunidad.

Recuento de SF

Día 1. Vuelo tranquilo, excepto la parte final. (Turbulencias.) + Llegada al hotel, y cambio de hotel... (Nunca supimos las razones del cambio; sólo nos dijeron que, por el mismo precio, nos podían mover a uno mejor.) + Caminata bastante larga, hasta llegar a Fisherman's Wharf. + Frío extreme y mucha clam showder. + Posteriormente, visita al Pier 39 para ver los leones marinos bostezar y lamerse los bigotes. + Regreso a la Market St en tranvía (Imágenes sugerentes: nubes borrando las fachadas de los edificios; gente caminando por doquier; hileras interminables de carros...) + Retorno al hotel por la parte más gacha de una city en la que, según parece, jamás pega el sol.
Día 2. Recorrido por las instalaciones del centro cultural Yerba Buena (wow: lo que es tener dinero...). + Visita (al fin turistas) a Chinatown. (Imágenes agente, faltaba más: figuras de muchos colores, pero principalmente rojas y azules; comida mala; compra de baratijas y panes riquísimos; estatuas de dragones sonrientes; posters setenteros de la gloria local: el maese Bruce Lee.) + Salida hacia el barrio italiano (restaurantes, restaurantes, restaurantes...). + Descanso obligatorio en Washington Square (estampa singular: dos mujeres orientales bailando solas, importándoles un soberano cacahuate el qué dirán). + Subida heavy para llegar a la torre Coit. + Bajada y nueva subida... (¿El motivo?... Observar la ciudad desde la parte más alta de la quebradiza Lombard St.)
Día 3. Civic Center y Museo Asiático (o todas las representaciones de Buda a través de la historia). + Visita a Japantown (mucho té y ganas de orinar). (Asimismo, el mejor teriyaki de que he comido en mi vida.) + Regreso al hotel. (Mucho frío.)
Día 4. SF MOMA (sigo pensando que el arte contemporáneo, en muchas ocasiones, es una vacilada). + Día de compras (gente, gente, gente...) + Reclusión temprana en el hotel.
Día 5. Nervios mayúsculos en el lobby del hotel Marriot. + Entrevista de trabajo (sin comentarios). + Haight-Ashbury (el hippismo y su persistencia endulcorada). + Huida inmediata al Golden Gate Park. + "Verde que te quiero verde" y el aire más puro que he respirado en los últimos 12 meses. + Japanese Tea Garden (el paraíso sí existe).
Día 6. Last day in San Francisco: Castro, Misión de Dolores y, una vez más, por aquello de las obsesiones gastronómicas: Fisherman's Warf. + City Lights Bookstore (adquisición del libro The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, de Junot Díaz).
Día 7. Rápida visita a Chinatown para comprar panes que parecen masmelos y más ganas de orinar. + Regreso a casa (y al reino del espanto).

San Francisco

San Francisco = Science Fiction (Science Fusion).

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Crear milagros (más sobre Frisco)

Crear milagros, como el Doctor Aira de la estupenda noveleta Las curas milagrosas del Doctor Aira (2003), del argentino (una vez más) César Aira. Crear milagros, a partir de la movilización de "los mundos posibles" y del establecimiento de "otra cadena, y con ella [de] otra totalidad distinta". (Tal es el reto.)

Frisco

Ojala que en Frisco las cosas pinten mejor.

Escritura, escritura, escritura...

Qué dificil es escribir cuando uno tiene mil cosas en la cabeza. Qué difícil es agarrar la pluma cuando no hay nada qué decir. Por eso no sé si admirar a o desconfiar de aquellos que producen toneladas como si nada, y afirman que la escritura, particularmente, es una gracejada menor, la cual jamás se debe magnificar.

Tonito bravucón

Me fastidia, de verdad, el tonito bravucón de muchos de los escritores jóvenes de este país; huelga decir, el tonito jactancioso que utilizan cada vez que opinan sobre esto o aquello, con un único fin: a saber, que los demás (simples mortales) nos enteremos de su genialidad y grandeza. A semejante enfermedad, en otros lugares, se le llama protagonismo, falso protagonismo: o sea, el deseo irremediable de buscar el reflector, de convertirse en el rebelde de la discursividad, de poner los puntos sobre las íes porque nada-ni-nadie-es-mejor-que-yo.
(Joven escritor: te lo pido una vez más, olvídate de tu persona y redacta un poco mejor.)

Ir contra la corriente (hope)

Este año ha sido un año-duro. Un año de muchos tropiezos y estancamientos, de malas noticias e inestabilidades. Espero que en el próximo año las cosas pinten mejor. Lo espero de verdad, aunque el entorno no ayude mucho y los malos augurios se hayan convertido en lugar común.

viernes, 19 de diciembre de 2008

No les creas

No les creas a los que hablan bonito; no les creas. La mayoría de ellos, por no decir todos, se especializan en dorar píldoras (y en sonreír a la menor provocación).