lunes, 11 de julio de 2011

Tráfico

La línea de automóviles se extendía hasta más allá del puente, y las avenidas circundantes, como siempre, estaban inundadas. Cogió el móvil y marcó de inmediato, esperando que su mujer le contestara con la misma prontitud:
—¡Es un desastre, y no sé si voy a alcanzar a llegar...! Trataré de cortar camino... ¡Oyes, la señal se va...!
Dejó el móvil en el asiento y miró por el retrovisor, dándose cuenta de que si se apresuraba podía dirigirse hacia la calle posterior, o tal vez a la que le seguía. Lo cierto es que intuyó algo, al observar un par de focos borrosos que se movían: si se adelantaba, rebasando a los demás, se toparía con el terreno enfangado.
Echó andar el automóvil y, sin pensarlo dos veces, viró hacia el lado contrario, aumentando la velocidad.
De frente, notaba que los conductores se movían, como si lo respetaran, y que los postes de la luz —distantes— se balanceaban de un lado a otro, junto con las antenas y los cables... Una soga que cruzaba el firmamento, pensó, y también un puñado de rayas, de líneas delgadas, que se comenzaban a desprender.

"Ojos eran fugitivos" / Cine 149

Katzelmacher (1969), Dir. Rainer Werner Fassbinder. En esta obra, el director alemán presenta como nadie las hábitos de un grupo de jóvenes que ven pasar la vida con franco desinterés. Distante como siempre (quiero decir, ajeno al despiste de la concesión), muestra las pasiones en su fase terminal, el modo en que son trituradas por el narcisismo y la vanidad. (Y ello, se entiende, con una frialdad que mata...)
Cine para voyeristas.
http://www.youtube.com/watch?v=JrmzVpOMMvE

miércoles, 6 de julio de 2011

"Ojos eran fugitivos" / Cine 148

Princesas (2005), Dir. Fernando León de Aranoa. Se agradece el entusiasmo demostrado por el director y la buena vibra que destila al abordar el tema de la prostitución en las calles de Madrid. Pero bueno, esto no es suficiente para salvar un filme que se hunde desde el comienzo, dada su morbosidad y su mal tino para retratar lo que, a todas luces, es algo más complejo, que no admite el parapeto del final feliz ni  ningún otro invento de la miscelánea Disney. Antes bien, para salir librado de este "coñazo" el director debió haber abordado el asunto con menos escrúpulos, y con menos "malaleche": relatar la lógica del problema como lo que es, y no como una telenovela digerible de Antena 3.
Malita la intentona de redimir el maltrato habitual al colectivo "sudaca".
http://www.youtube.com/watch?v=qzGStIdMs6M

"Ojos eran fugitivos" / Cine 147

Atlantic City (1980), Dir. Lois Malle. La todopodera presencia de Burt Lancaster reditúa con creces en la agudeza de este filme, que cala por su humanidad. Y ello es que el longevo actor no descarta hacer de las suyas en un papel magnánimo, de los que no se olvidan jamás, precisamente por la enjundia que reclaman y la verosimilitud que destilan en el resultado final. Desde luego, es evidente que tal soltura actoral se aviene bien a un personaje redondo, que expresa la complejidad del sujeto perdido; pero también, que se prodiga gracias a los instintos del director Malle: un virtuoso del cine que llegó hasta las profundidades del alma sin titubeos y que mostró, en este tour amargo por el laberinto del caos, las liviandades del yo.
El filme, en su conjunto, es una muestra de la capacidad del director para abordar dos aspectos que se entretejen entre sí: el del sueño como falsedad individual y recurso para sobrevivir, y el del entorno estéril, convertido en un mausoleo del fracaso donde los edificios demolidos se convierten en parte del panorama habitual.
Una magnífica crónica del perdedor y de su transformación postrera.
http://www.youtube.com/watch?v=SGxkgN7FoeA

"Ojos eran fugitivos" / Cine 146

In the Heat of the Night (1967), Dir. Norman Jewison. Grandes actuaciones y un tema candente para nuestros vecinos, todavía.
http://www.youtube.com/watch?v=_kI_GkosWio

Casa

Imaginé ver otra casa, aunque era la mía. Los árboles, en la entrada, estaban ahí, y no podían jugarme una mala pasada. También el barandal, a punto de caer, el cual me indicaba que no debía preocuparme: se trataba de mi casa.
Me acerqué y toqué la puerta con sigilo, esperando encontrar —no sé por qué— a un desconocido. Volví a tocar, en el acto, pero con más fuerza, dando a entender que había llegado el dueño legítimo de la vivienda y que si alguien se había metido, por lo que fuera, era el momento de que se largara.
Mas nadie abrió, y en ese momento mi sospecha se fortaleció, en relación con la casa, con mi casa. Pensé que si bien nuestras posesiones no tienen por qué generarnos ninguna extrañeza, y más cuando no han sufrido modificaciones, había momentos en que la lógica nos jugaba una mala pasada y nos hacía ver que lo que nos pertenecía no nos pertenecía, en realidad; que era algo que estaba ahí, frente a nosotros, pero con una independencia tal que nos obligaba a refugiarnos en lo perentorio.
Y lo perentorio, en aquel momento, de verdad que no fue mi ansiedad, ni tampoco mi desesperación; lo perentorio fue la vaciedad del momento, el interés que encontré en observar, como nunca lo había hecho, los árboles del frente, el barandal podrido, la basura que se acumulaba en el exterior, día tras día...
Estuve así unos momentos, mirando el entorno con frialdad. Después supe que mi opción era irme de ahí, abandonando las cosas a su suerte, o mejor —pensé— liberándolas de mi presencia, de mi mirada interrogadora que lo único que hacía era violentar la tranquilidad de esa noche.

lunes, 4 de julio de 2011

"Ojos eran fugitivos" / Cine 145

The Lonseliness of the Long Distance Runner (1962), Dir. Tony Richardson. Satélite de la Nouvelle Vague Vague, el Free Cinema encuentra en el diamante de The Loneliness of the Long Distance Runner su joya más preciada —su joya de la Corona. Hablo de lo obvio, a estas alturas: de un filme a medio camino entre Les quatre cents coups (1959, Dir. François Truffaut) y esa elucubración del vacío que es Trainspotting (1996. Dir. Danny Boyle); de un filme imprescindible, que refleja los cambios sociales de una época en la que la juventud reclama a los cuatro vientos su lugar en el mundo y que, de paso, lanza invectivas contra las fortalezas patriarcales. Lo más disfrutable, en este tenor, es ver la incubación del huevo de la serpiente en un momento de crisis y comprobar su incontinencia para fundar utopías.
Filme rupestre, en proceso: The Loneliness of the Long Distance Runner sintetiza la valoración juvenil de la libertad; el ideal romántico del deporte como logro personal y jamás como triunfo colectivo; en resumen, que en el presente discurso la competitividad es un asunto del alma.
No dejen de considerar este recuerdito quienes tengan atracción por lo antiapoteósico.

Provincia

Si existe un término en desuso, o plenamente superado, es el de provincia, en su acepción nacional, es decir mexicana, es decir fundamentalista.
Recuerdo, en tal sentido, la explicación que daba en un curso destinado a alumnos de la Licenciatura en Filología Hispánica, de la Universidad de Salamanca, en donde afirmaba que, a diferencia del concepto español, el del otro lado del charco suponía lo negativo y retrógrado, esto era lo que poco o nada tenía que ver con una demarcación territorial o, para efectos normativos, con una jurisdicción administrativa. (¡Qué tiempos aquellos, de verdad, en los que a la distancia veía un país inamovible, superado por sus traumas históricos!)
En la actualidad, la acepción prevalece como muchas quimeras, pero lo cierto es que el México de hace algunos años (tres, cuatro...) ha desaparecido y lo que ahora encontramos, en términos generales, es un país diferente, que manda al exilio a esta clase de acepciones. (¡San Facebook, dile, explícale a la clase política cómo ganaste la madre de todas las batallas!) Hablar, por tanto, de que el DF es el centro del país y lo demás es Cuautitlán no sólo supone descubrir la estrechez de miras de muchos, sino también caer en la cuenta de que el "Ombligo de la Luna" tiene más borra que nunca y que el fascismo a la mexicana —oh fascismo púber— es una invención caduca, que se estrella contra la pared en urbes postnacionales como Ciudad Juárez o Tijuana.

domingo, 3 de julio de 2011

El móvil

No hay nada más terrible que contestar el móvil de repente, cuando nos hayamos —inmersos— en el territorio del (quinto) sueño; vaya, que organizar nuestro pensamiento y difundirlo —de manera clara y rápida— implica varias cuestiones:
  • pensar que hablamos, si podemos, con los interlocutores de un relato interior
  • confundir la voz del móvil —me explico, que sale del móvil— con la de un enemigo connotado, del cual ya nos habíamos olvidado
  • establecer un intento de diálogo en el momento en que desconfíamos del lenguaje
  • comprobar que somos expertos en el manejo de los monosílabos y
  • aceptar que nuestra voz es lo aguardentoso in extremis.
Si de algo sirve la experiencia acumulada de muchos y —como diría el bachiller Fernando de Rojas— "piérdase lo que se perdiere", ignora el politono del móvil, sinónimo de la aversión.

Vacua acción

No se solicitan, se exigen personas relajadas, que reciten —con voluntad— un credo antediluviano, de fácil memoriazción. ("La vida es una gozada es una gozada es una gozada...".) La empresa, desde ya, ofrecerá excelentes prestaciones, amén de un estipendio semanal, digno de celebración.
Así que, trabajador, trabajadora, no descarte acercarse con nosotros, que con gusto lo recibiremos.

Faena

Un primer rostro, de lado; como si estuviera dormido (el ¿sujeto?). Y los demás, en las mismas...: los ojos dilatados, mirando sin mirar; lo de siempre, lo de todos los días, a esa hora: perdidos, extraviados... El primer rostro, con todo, volvió en sí o aparentó volver en sí, y su boca —o algo que se movió— dijo que ya, que ya se podían marchar.
Visto lo visto, la condena consistía en levantarse a oscuras e imaginar que en otros lugares, lejos, muy lejos, la gente se la pasaba bien, sin tener que madrugar y, amén de ello, sin tener que esperar, como era lo habitual.
Pasados los minutos, el rostro y los demás quisieron ponerse en huelga y cerrar —con un mecanismo apresurado— los ojos, los párpados; sin embargo, tal rebelión era imposible, pues sabían las consecuencias de tomar semejante decisión: escuchar el ladrido de los pitos y el fragor de una tormenta sin final.
No hubo, como se entiende, otra alternativa: el rostro se aguantó y los demás también. El primero, el de la motivación, y los otros, los del cadalso.
Mientras, la oscuridad ejercía su poder sobre la ciudad.

sábado, 2 de julio de 2011

Diluvio

Y la lluvia, entonces, se soltó, de repente; y no, no lo podías creer, por lo rápido que crecía: agua por doquier, va, y más agua, como si todo se hubiera cubierto del líquido vital(-mortal). Pero lo peor no fue eso, pues ya sabes, siempre hay cosas que no te esperas, que piensas que sólo le suceden al vecino o a alguien que habita en otro lugar; en fin, eso ocurre..., pero te comentaba: lo peor fue lo de la tubería, lo de la gran tubería, que de repente se reventó, arrojando lo que traía en su interior; más, aventando para arriba —y para abajo— lo que guardaba dentro de sí: la excrecencia.
Cierto, es verdad: la lluvia nos mojaba los cabellos, los cuerpos, pero, sin más, otra lluvia nos bañaba con intensidad; te hablo de la lluvia negra, de las aguas profundas que brotaron así....
Lo peor fue eso, y también ver a los niños mojados y a las mujeres embarazadas como nunca las imaginé: esto es, con el pelo humedecido y el rostro sucio..., vaya..., con el rostro embadurnado de la asquerosidad. Pues era aberrante aquello, en medio de la inundación; ver a las mujeres en semejante estado, con el cuerpo en crecimiento y las ropas estrechas, a punto de caer.
En ese momento, y en otros, la verdad que no sabes qué hacer; sólo te dan ganas de ponerte a mirar a los demás y tomar nota de cómo se las arreglan, de cómo se las apañan para sortear el temporal y limpiarse —muy en particular— el rostro y la boca; y es que las aguas negras, de las tuberías, no cesan, no ceden un ápice...; haz de cuenta que las invocan y se dejan querer.
La lluvia, repito, no paraba; al contrario, crecía con fuerza, alimentándose del chiquero...; dos aguas, pensaba, que se mezclaban con furia, entrelazando sus cuerpos y recorriendo los nuestros, mojados desde la raíz.
Quise, lo juro, desaparecer, por eso cuando vi —a la distancia— el agujero negro, que succionaba las aguas, no lo dudé: corrí o, mas bién nadé, dispuesto a dejarme llevar.

"Ojos eran fugitivos" / Cine 144

Public Enemies (2009), Dir. Michael Mann. Percibo, en el filme, la relación del crimen desde los adentros (y desde los afueras). Atento a los detalles, su director esgrime un texto realista, consistente en plasmar cómo se dan los trueques, y los favores, entre los delincuentes y los que no lo son. Interesante, pues, el resultado, principalmente porque Mann —astuto— hace de la historia una andanada de sucesos intrigantes, que exigen lo mejor de sus recursos. Hablo de lo que sabemos, de lo que ya hemos visto en otras destrezas (Heat —1995— en el pódium): esto es, el manejo soberbio de una cámara móvil, que se mete hasta la cocina; la presentación de un tempo trepidante, que habla de la testosterona del director;  la intesidad con que se desenvuelven sus personajes, casi siempre en el momento de tomar una desición; y la ausencia —para concluir— de un final feliz y/o de cualquier otra bagatela audiovisual. Lo apuntaba: Mann no pierde la perspectiva, no evade lo relevante, por eso su planteamiento es integral. Gran director, que me parece que respeta a los espectadores: Mann es un lobo estepario en el Jardín del Edén.

"Ojos eran fugitivos" / Cine 143

Prizzi's Honor (1985), Dir. John Houston. En este filme, el legendario director indagó en la codificación del hampa de manera soberbia. Baste decir que no sólo refirió —como fue su costumbre— los pormenores de la existencia individual, al verse acorralada: igualmente, delató las escaramuzas de la conciencia grupal, en el momento —¡difícil momento!— de la verdad. Y ello es que tal planteamiento, que en muchos sentidos pudo haberse quedado en el relato sobrio de una tensión (aquella que implica, in extremis, la batalla del héroe, o del antihéroe, consigo mismo y los demás), se enriqueció —sobremanera— por algo que fue característico en el cine de Houston, o por lo menos en sus partes más destacadas: nos referimos al humor; un humor, en este caso, que se reflejó finamente en el complemento irónico de la historia y —faltaba más— en el tratamiento mordaz del valor grupal.
Cine del absurdo, quizá, pero con una calidad sublime, que consigue lo que muchos bodrios a penas prefiguran.

lunes, 27 de junio de 2011

El verano tiene su costo

"Me levanté obcecado, con necesidad; pero las piernas me fallaron y el resto del cuerpo también; una piltrafa, de la peor ralea; algo que se mueve e intenta respirar —mi cuerpo, imaginé.
"Era temprano, como las ocho, y dentro de mí insistía la voz: Una cerveza gélida o algo por el estilo, para empezar. Y va, como pude, bañado en el vómito matinal, me dirigí en cuclillas hacia el refigerador, el cual se encontraba abierto de par en par, con una presteza innombrable; que conste, al acercarme y sentir el frío, me sentí relajado, incluso, me atrevería decir, con ganar de seguir. Pero no, ese no era mi día: el refrigerador estaba vacío, o casi, ya que las botellas que distinguí eran un remedo flaco del ayer; elucubré, un desfalco que en ese momento se acrecentó.
"Sin rodeos, me quise levantar, volver en mí; y no obstante las piernas me flaquearon otra vez, quedando postrado como un desahuciado, como un perdedor.
"No quise llorar, pues no es mi estilo; mas lo juro, si en ese momento el demonio se me hubiera aparecido le hubiera ofrecido el alma y todo lo que me pidiera a cambio de un trago de aquel líquido vital.
"El verano tiene su costo, como se nota, y es criminal."

Fenomenología del matrimonio

Fenomenología del matrimonio: oscilar, diariamente y sin comprenderlo, entre la garra de un hit poderoso (pienso en algo así como "Layla", de Eric Clapton) y la bagatella de un oasis matinal (a la cabeza, "Gymnopédie Número 1", de Erik Satie).
http://www.youtube.com/watch?v=0WUdlaLWSVMhttp:// (Rápido y furioso.)
http://www.youtube.com/watch?v=S-Xm7s9eGxU (Dulce porvenir.)

"Ojos eran fugitivos" / Cine 142

Victory (1981), Dir. John Huston. Infame título del maestro, que no sabemos de dónde surgió; un gozne de la creación, o lo que se quiera. Lo innegable es que con este bodrio, cuyo humor involuntario causa placer, e inquina (todo a la vez), Huston dejaba ver que también cometía errores (u horrores) y que, sí, era humano.
Como Buñuel y como tantos cracks que "metieron la pata", el director —para anotarlo rápidamente— exhibió su lado b. Y sin embargo, el descontrol no desmerece visto a la distancia; al contrario, permite valorar, en su justa medida, las aportaciones que hizo en sus obras más rentables. Porque de eso se trata, pienso: de celebrar el conjunto en sus matices y ponderar lo trascendente; ver las dos facetas del creador y entender que en el asunto artístico, a veces, los tiros salen por la culata.
Mala película, horrorosa, de una ridiculez suprema: Victory es la pesadilla de los puristas, la nota roja de quien piense que el cine es mejor que la vida y que las trayectorias impecables jamás se deben manchar.
(Los descalabros, mejor los autodescalabros: he ahí la ruptura de la tradición, la salida de tono que dice mucho —¡bastante!— de los infiernos del demiurgo.)
http://www.youtube.com/watch?v=xOxj26vcwMI

Color local

Me queda clarísimo, en algunos casos (hablo de literatura): la captación del color local es la respuesta a los inquilinos de la norma: una fuerza centrípeta, dubitativa y vacía, que carece de dirección.

Lo más + del fin de semana

Aproximaciones descriptivas del gol de Giovani dos Santos en la final de la Copa de Oro:

-Una cacería de brujas frustrada.
-Un viaje por territorio comanche con escala incluida en el jardín del Edén.
-Un gambeteo de barrio que roza la eternidad.
-El reclamo de un crack en busca de su redención.
-La evidencia de que el balón es el siervo predilecto de la voluntad.
-El hecho consumado de que los estadounidenses tienen otras prioridades y que por eso inventaron el american football.