lunes, 4 de julio de 2011

Provincia

Si existe un término en desuso, o plenamente superado, es el de provincia, en su acepción nacional, es decir mexicana, es decir fundamentalista.
Recuerdo, en tal sentido, la explicación que daba en un curso destinado a alumnos de la Licenciatura en Filología Hispánica, de la Universidad de Salamanca, en donde afirmaba que, a diferencia del concepto español, el del otro lado del charco suponía lo negativo y retrógrado, esto era lo que poco o nada tenía que ver con una demarcación territorial o, para efectos normativos, con una jurisdicción administrativa. (¡Qué tiempos aquellos, de verdad, en los que a la distancia veía un país inamovible, superado por sus traumas históricos!)
En la actualidad, la acepción prevalece como muchas quimeras, pero lo cierto es que el México de hace algunos años (tres, cuatro...) ha desaparecido y lo que ahora encontramos, en términos generales, es un país diferente, que manda al exilio a esta clase de acepciones. (¡San Facebook, dile, explícale a la clase política cómo ganaste la madre de todas las batallas!) Hablar, por tanto, de que el DF es el centro del país y lo demás es Cuautitlán no sólo supone descubrir la estrechez de miras de muchos, sino también caer en la cuenta de que el "Ombligo de la Luna" tiene más borra que nunca y que el fascismo a la mexicana —oh fascismo púber— es una invención caduca, que se estrella contra la pared en urbes postnacionales como Ciudad Juárez o Tijuana.

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